EL CARRO
VERDE - ENTREVISTA A LUIS HESS
Todo se
hacia a mano. No había corriente, se agujereaba todo con un
taladro de mano. La pequeña corriente continua que luego
hubo era para hacer funcionar algún motorcito. No había
agujereadoras eléctricas como ahora, no había piedras
eléctricas. Se limaba a mano, había que pulir todo, se
trabajaba con estampa y molde y se trabajaba los trenes de
los carros con un fierro mediacaña que venía en la parte de
arriba una planchuela media caña.
Eso venía todo importado y después no vino más en la
posguerra.
Eso sí, el carro se lo entregaba sin pintar, porque cada
colono le gustaba hacer ese trabajo para darle el toque
personal.
Había varios tipos de carros, estaba el carro pesado que era
para la cosecha, trabajo pesado de campo para carga. Ese
generalmente usaba un eje patente, porque también había ejes
de grasa. El eje patente fue lo mas moderno que vino, era un
baño de aceite y el de grasa era aquel con la tuerca negra y
la grasa negra.
Había diferencia en la practicidad, el hombre de campo
cuando venía al pueblo tenía que sacar las ruedas y engrasar
todo de vuelta porque se le metía la arenilla y le comía los
bujes, entonces apareció el baño de aceite, que era con un
reten.
Después estaba el carro de media carga, que era el de uso
diario para salir rápido. Se usaba para sacar la leche. Era
de trabajo también.
Estaba el carro liviano que tenía el eje de 40. Estaba el de
paseo.
El liviano era utilizado para ir a la Iglesia o para llevar
material liviano, el de paseo que era a pinceta que
trabajaba sobre elásticos. Ese carro era muy livianito,
poseía eje de 38 y generalmente esos carros tenían capota o
sea techo de lona estirada bien puesta en un marco y
sostenida al carro por cuatro hierros que existían en cada
esquina. A los costados había lonas que se extendían cuando
llovía o hacía frío o se enrollaban hasta el techo para
dejarlo libre.
En aquel entonces se trabajaba todo a martillo y fragua y se
cambiaba el fierro. No se soldaba; no había soldaduras. Eso
originaba mucho tiempo y era puro trabajo artesanal. Capaz
que en un trabajo que lleva una hora, demoraba un día. Los
ejes venían cortados. Eran ejes franceses hasta que apareció
el argentino. Tenían 5 cm de espesor y se tenían que unir
sin que se noten. Entonces se los pasaba por la fragua y a
golpe de martillo, ya los dos encimados, se los golpeaba
hasta que se unían y quedaban ya unidos, con los 5 cm de
espesor. Un trabajo de unión en un eje no se notaba donde
estaba soldado, de perfecto que quedaba tan solo por la
fragua, el yunque, el martillo y el buen ojo del herrero. En
esto estaba la profesionalidad del herrero porque cuando
terminaba, además tenía que tener la longitud perfecta. No
se podía pasar de largo.
En cuanto al valor de un carro no había precio fijo, ni
convenios de precios entre los fabricantes. Cobraban de
acuerdo a lo que cada uno le parecía un precio justo. De
acuerdo a la crónica de Hess, se refiere a que su padre
entregó un carro un sábado a la tarde y con lo que cobró se
fue hasta la esquina del negocio de Don Federico Hepp que
vendía artículos para el hogar y compro una cocina a kerosén
de las primeras que salieron. La compro al contado y le
quedo para hacer una compra de almacén para la semana.
LA PAJA EN EL TECHO PARA APLACAR EL CALOR
Una costumbre ancestral devenida en tradición dentro del
espectro cotidiano de los alemanes del volga, cuyas aldeas
se caracterizaban por poseer viviendas típicas con techos
cubiertos de paja y que tanto en Alemania, Rusia, como aquí
en la Argentina siempre significó una tarea ligada a los
quehaceres a realizar durante el verano luego de la cosecha.
Ya que la paja se obtenía de los rastrojos después de la
trilla de trigo, que eran rastrillados con implementos
especialmente diseñados
Para esta realización. El rastrillo era tirado por caballos
y una vez reunidos varios montículos de paja seca, se
procedía a cargarlos sobre los carros que estaban
acondicionados de manera que se pudiera esquivar la carga
hasta gran altura, sobre la cual iba montado el auriga y sus
ayudantes muñidos de orquillas rumbo a la vivienda en donde
se debía colocarla.
Esta costumbre se llevaba a cabo porque los techos cubiertos
de paja significaban poseer una casa fresca en verano y
templada en invierno y porque es considerada el mejor
material aislante para techos. Una cubierta formada por paja
de trigo protege una casa con eficacia durante el año. Sobre
el heno, una vez colocada sobre los techos, solían poner
piedras o cualquier elemento pesado para que no se la
llevara el viento, después de cada cosecha era renovado.
EL CALENDARIO DE LA CEBOLLA
Una tradición para saber como sería el tiempo el año
siguiente
El método del calendario de la cebolla se desarrolla en la
nochebuena, a la hora de la misa de Gallo y consiste en
cortar una cebolla por la mitad, comenzando a separarla en
doce capas en forma de tacitas, que se colocan una al lado
de la otra: cada tacita de cebolla representa un mes del
año, de enero hasta diciembre. Introduciéndole luego un
puñadito de sal a cada tacita.
El procedimiento para realizar las tacitas consta en
deshacer la cebolla de adentro hacia afuera, desarmándola
poniendo, a medida que se deshace la cebolla las doce
tacitas una al lado de la otra, que representan los doce
meses del año.
Es decir, una tacita representa el mes de enero, otra a
febrero, otra a marzo y así sucesivamente hasta arribar al
mes de diciembre y luego se le pone un puñado de sal a cada
uno y se la deja reposar hasta que termine la misa de gallo.
Transcurrido ese lapso de tiempo se comienza a notar que
algunas empiezan a humedecerse. (Algunas familias las
dejaban reposar hasta la mañana de Navidad, momento en que
se notaba todavía mas el agua que contenían).
Al observar el resultado podemos apreciar que algunas
tacitas contienen gran cantidad de agua, otras apenas un
poco, y otras casi nada o directamente nada. Según la
cantidad de agua que contenga cada tacita, así se presentará
luego el mes que cada una representa. Si la tacita está
seca, anuncia un mes seco. Si la tacita contiene poco agua,
será un mes relativamente húmedo. Y si contiene mucha agua,
será un mes excesivamente húmedo. Por supuesto que también
hay meses que varían entre húmedos y secos.
Estos pronósticos, el campesino los iba registrando en un
almanaque, para después poder proyectar con tranquilidad los
trabajos agrícolas.
Pues este método de pronosticar mediante la cebolla, siempre
resultó altamente acertado De esto dan cuenta nuestros
relatos de abuelos.
Fuente: Libro Antiguas tradiciones de Alemanes del
volga de Hector Maier y Julio C. Melchior
LA CARNEADA
En las aldeas, llegaba la época de invierno y se
preparaba la carneada.
Cada familia cuidaba sus cerdos y las carneadas se hacían de
acuerdo a la constitución del núcleo familiar y a sus
necesidades. Era toda una ceremonia carnear el cerdo, en una
fuente con sal se recolectaba la sangre batiéndola con la
mano para evitar su coagulación, era utilizada
posteriormente para elaborar la morcilla negra. Se lo
colocaba en batea, con baldes se lo remojaba con agua
caliente y manualmente se lo pelaba.. Después se sacrificaba
el animal vacuno. Se lo depostaba, se separaban las tripas
que limpiaban las mujeres y se la dejaba en una fuente en
agua y sal.
Al depostar el cerdo, se separaba el tocino, las costillas,
los jamones, la panceta y la carne que se utilizaba para
.embutir.
Al vacuno se lo deshuesaba completamente, dejando de lado
las costillas para asar, los huesos pelados y menudencias
para morcillas.
Se picaba la carne de ambos animales. Para el chorizo, se
colocaba en una batea de madera el 60 % de carne vacuna y el
40 % de carne de cerdo, se condimentaba con sal, pimienta,
ajo y nuez moscada a gusto. Para el salame se colocaba
también en una batea de madera un 55% de carne vacuna, un
35% de carne cerdo y el 10 % de tocino de cerdo cortado en
daditos pequeños. Se agrega sal, pimienta, ajo y nuez
moscada a gusto.
En ambos casos se mezcla y se deja descansar el preparado.
Se hacen bollos de la mezcla y se embute. Se los ata
cuidadosamente y se los cuelga en varas de caña en una
despensa de piso de tierra o en un sótano.
La morcilla negra se hace con la sangre del cerdo, tocino y
menudencias cocidas previamente. La morcilla blanca se hace
con carne hervida deshuesada y cueritos hervidos del cerdo.
Para ambos casos habían familias que le agregaban cebolla de
verdeo a la preparación. Se colocaba las morcillas dentro de
una fuente de fundición donde se hervía.
Los jamones se condimentaban y estacionaban dos días y se
colocaban dentro de la morcona del vacuno, se los ataba y
prensaba longitudinalmente y se dejaban secar, este demoraba
unos dos meses.
El queso de cerdo se lo hacia con la lengua, la vejiga,
corazón, riñones y la quijada. Se condimentaba, se hervía y
luego se prensaba. También en algunos casos la cocción se
hacía en el horno colocando una capa de masa de pan.
Se guardaba en tinas de cemento la panceta y el tocino que
se salaban para poder mantenerlos en buen estado.
La grasa de cerdo que quedaba, se molía y se derretía en la
hoya de fundición. Se filtraba y quedaban los chicharrones.
La grasa de las tripas, se guardaban para fabricar jabón
casero, esto se hacía hirviéndolo con soda cáustica.
Colaboración de Diego Gebhart Aldea Salto..