NACIMIENTO DE LOS HIJOS
La
mujer encinta continuaba con sus tareas cotidianas
hasta el día del alumbramiento. Durante el embarazo
no había control medico ni análisis alguno. Eso no
lo conocían o eso no existía entonces.
En cada aldea, o aldea vecina, había una mujer que
oficiaba de obstetra, llamada la "partera". Los
chicos nacían generalmente sanos y fuertes, eran
amamantados por la madre hasta el año. Los padrinos
eran elegidos con anticipación entre familiares o
amistades y el recién nacido era bautizado a los
pocos días.
La madre del nuevo heredero debía, por orden de la
comadrona que la asistía, guardar cama por ocho
días. Durante ese termino, los padrinos llevaban a
la comadre especiales comidas para el almuerzo y la
cena.
Los primeros cuatro días corrían a cargo de la
madrina y los cuatro restantes del padrino. Los
almuerzos consistían en sopa de gallina con fideos
caseros y un pollito hervido y dorado a la sartén,
la cena con sopa de orejones, (schnitzensup) con
crema y tosquillas (kreppel). Todo se hacia con el
mayor esmero y presentación.
Los elementos de las viandas se componían de blancas
soperas de loza y bandejas del mismo color y
material, que se cubrían con grandes servilletas
confeccionadas para estas eventualidades, bordados
sus bordes y de impecable blancura. Prolijamente
atadas en su parte superior (imitación moños) de
donde eran tomadas por sendas manos para llevarlas a
destino por la comadre o una de sus hijas.
LOS COMERCIOS
Al suspenderse el suministro de la manutención por
haber se cumplido el término establecido en el
convenio suscripto con el gobierno nacional, nuestra
gente se vio obligada a proveerse de todas aquellas
mercaderías necesarias para la alimentación y sus
actividades en general. Los malos caminos y los
pobres medios de movilidad, en los primeros años,
les producían jornadas difíciles y costosas para
llegar a las ciudades.
Ante esta nueva preocupación, que traía además
aparejadas otras dificultades, fueron bienvenidos
los primeros negocios en las aldeas y colonias.
Eran estos simples "boliches" en su comienzo y solo
con las mercaderías más indispensables que un vecino
de buena posición económica instalo por ver rentable
esa actividad.
Con el crecimiento demográfico y económico de las
poblaciones los "boliches" también crecieron y se
convirtieron con el tiempo en "almacenes de ramos
generales de campaña". En ellos los colonos podían
adquirir, además de comestibles y bebidas,
herramientas manuales, accesorios para sus
implementos de labranzas, alambres para cercar sus
campos y huertas, bolsas e hilos para almacenar los
granos de sus cosechas, aceites lubricantes y
grasas, pinturas, etc.
en el lugar del expendio de bebidas al mostrador,
acostumbraban reunirse los jefes de familia, "los
patriarcas de los clanes" para distraerse, gustar de
su copita apetecida, divertirse con el juego de
naipes o discutir acerca de las actividades
agrícolas, de los sueldos de los peones, los precios
de los cereales, de la falta o exceso de lluvias, de
sucesos ocurridos en la comunidad, etc.
Ese lugar, lo convirtieron prácticamente en su club
social, vedado para sus hijos; tampoco les agradaba
la presencia de peones en su sección.
Eran un tanto aristocráticos, de buen
comportamiento, sensatos, pero los había también
orgullosos y egoístas.
Periódicamente visitaban las aldeas mercaderes
ambulantes, generalmente árabes, personaje a quien
llamaba "el turco". Venia de a pie con pesado fardo
al hombro, sujeto a su cuerpo por dos correas de
cuero, peso que le obligaba a caminar encorvado,
llevando además en su mano un atado menor y en la
otra el rígido metro de madera.
Proveía de distintas telas par la confección de las
prendas que usaban hombres y mujeres en los trabajos
y también las usadas los domingos para asistir a
misa, fiestas u otros acontecimientos.
por ese mismo medio se proveía también de botones,
broches a presión, elásticos, cintas, puntillas,
agujas, peines, pañuelos, etc.